13 de noviembre de 2009

Teoría de Costos


Como es bien conocido, el término fue acuñado inicialmente por Ronald Coase en 1937, pero ha sido, fundamentalmente, Oliver Williamson quien ha hecho un desarrollo en profundidad del concepto. Ante la concepción clásica de la empresa como una mera función de costes asociada a una tecnología dada, y la justificación de su existencia fundamentada en la imperfección del mercado (monopolio), Williamson afirma:

"Se requiere mayor respeto por los aspectos de la organización (por oposición a la tecnología) y por los propósitos de la eficiencia(por oposición al monopolio)" (Williamson, 1990, 28).

A diferencia de los costes de producción clásicos asociados a la tecnología, los costes de transacción suponen aquellos necesarios para llevar a cabo una transacción determinada, fundamentalmente en términos de información (búsqueda de precio) y de negociación (contrato). Ya Coase los contrapuso a los costes de gestión, aquellos inherentes a la utilización del empresario y de la jerarquía administrativa como mecanismo de asignación de recursos (Salas, 1991, 4).

Así, el origen de la empresa también viene a contemplarse explícitamente. Como Ekelund señala:

"Para explicar por qué existen las empresas, debe distinguirse entre la coordinación del mercado y coordinación de la empresa. La coordinación del mercado existe cuando el sistema de precios suministra directamente señales (a través de la oferta y la demanda) que guían la producción y el consumo. Existe coordinación de la empresa cuando la división del trabajo es establecida y dirigida por los administradores. La coordinación de mercado es por naturaleza descentralizada, mientras que la coordinación de la empresa es por naturaleza centralizada. Por tanto, la coordinación de la empresa no es diferente de la planificación central en una economía socialista (...) los recursos no se compran ni se venden, sino que se transfieren a través de la dirección administrativa." (Ekelund &Hébert, 1992, 661).

Implícita en la cita anterior está la ya clásica contribución teórica del premio Nobel de Economía previo a Becker (en 1991) Ronald H. Coase (1937) el cual, como hemos señalado, argumenta que el mecanismo de empresa se utiliza cuando sus costes son menores al asignar los recursos que los consecuentes de utilizar el mecanismo de mercado (Ekelund & Hébert, 1992, 661). En palabras de este autor:

"el funcionamiento del mercado lleva consigo unos costes, y que formando una organización y permitiendo que una autoridad (empresario) dirija los recursos («mano visible») se ahorran ciertos de estos costes de mercado. El empresario tiene que llevar a cabo su función a un coste aún menor, teniendo en cuenta que puede obtener los factores de producción a un precio inferior al de las transacciones de mercado que él sustituye, porque si no lo consigue siempre es posible recurrir al mercado abierto". (Coase, 1937 en Bueno, 1993 35-6).

Para Kenneth Arrow (1969) los costes de transacción son: "los costos de administración del sistema económico" (Arrow, 1969 en Williamson, 1985, 29). Utilizando el símil físico, Williamson los asimila al fenómeno de la fricción en física. Al igual que esta última ciencia construyó útiles modelos teóricos donde se obviaba esta fricción, la economía clásica hizo lo mismo con los de transacción aunque, a diferencia de aquella, nunca se refirieron explícitamente a ellos (Williamson, 1985, 29).

Rompiendo con la postura clásica, los costes de transacción introducen, aunque sea como un factor de fricción, la naturaleza humana. Los supuestos conductuales respecto a esta pueden resumirse en dos: el primero es cognitivo: la racionalidad limitada, el segundo motivacional: el oportunismo. Junto a estos, existen tres dimensiones básicas que hay que considerar en las transacciones: la especificidad de los activos, laincertidumbre y la frecuenciaaunque es la primera la que distingue mejor esta postura de las demás (Williamson, 1985, 62). Estos han construido uno de los pilares de la actual Economía Industrial.

Para la correcta ubicación epistemológica de los costes de transacción, este autor distingue diversos grados de racionalidad y de oportunismo. La combinación de estas dos dimensiones y de sus grados dan lugar a diferentes corrientes teóricas.

Grado de Racionalidad : Racionalidad completa, límitada, orgánica (débil).
Grado de Oportunismo : Oportunistas Moral Hazard (Riesgo Moral) Tª de la Agencia Economía de Costes de Transacción Teorías Evolucionistas de Satisfacción de Necesidades (Nelson & Winter y Escuela Austríaca).
Egoístas: no oportunistas Economía Clásica
Utópicos: (maximizan el bien de la mayoría) Tª de Equipos (Coordinación) Costes de Coordinación

La especificidad de los activos nos lleva al extremo contrario desde donde la economía clásica partía. Alude a la "unicidad", la idiosincrasia inimitable de cuanto no es susceptible de estandarización (la "pericia" particular de un artesano o trabajador experimentado) por su inextricable imbricación en el puesto o lugar que ocupa en la estructura productiva. Cita Williamson a Michael Polanyi (1962) con el estudio del "conocimiento personal" y a Alchian (1982) (quien previamente había sostenido posturas contrarias):

"toda la justificación de la posición de empleador-empleado, y aún de la existencia de las empresas, se basa [en la especificidad de los activos]; sin ella, no se conoce ninguna razón para que existan las empresas." (Alchian, 1982 en Williamson, 1985, 62-3).

Más concretamente, Williamson sugiere aquellas inversiones particulares que sólo serían rentables para la transacción particular.

Por otro lado, y para finalizar este apartado, en Dirección Estratégica podemos también destacar los esfuerzos de David Teece para explicar tanto el comportamiento de la empresa multiproducto (Teece, 1982, 39-63) como la multinacional desde este paradigma (Teece, 1986, 21-45). Brevemente podríamos destacar los conceptos de "conocimiento organizacional" (el cual es fungible y tácito), la "paradoja del conocimiento" tomada de Arrow (1971): no puede saberse su valor hasta que se sabe; y cuando se sabe ha sido adquirido, en efecto, sin valor (Teece, 1982, 21).
Fuente: UNAM, Teoría de costos de transacción, José Villegas.
 
 
 
 

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